sábado, 18 de abril de 2015

El amanuense de la victoria

La historia se llama, a partir de esa época (1902), epopeya, y la corriente que habrá de resumirla será denominada lopizmo para sus adversarios, que se reclutaron más entre los intelectuales que en el pueblo.
La poesía y la prosa emocional de O'leary marchan a partir de ese momento, por el mismo camino. Se trata de una acción periodística sin ahorro de argumentos ni de adjetivos, llevada a cabo, de sitio en sitio, como una militancia.
La historia se vive, en calles y plazas, a pleno sol, a veces en el mismo escenario de las batallas, en una convocatoria que abarca a todos. Las sombras de la guerra, los olvidados veteranos, los soldados anónimos, tuvieron su lápida o volvieron a la vida después del cruel ostracismo. O'leary, verbo y pensamiento arrojó a la pira el sentimiento de culpa que una clase social y económica había impreso en el alma de la nación vencida, e hizo la gran convocatoria, la que tornó posible, después, las dianas y laureles del Chaco Boreal.
Sus libros, y sus artículos tienen la entonación de su misma palabra; al encontrarse con ellos parece que se escuchara su respiración. Fervor en la lectura y en la oración cívica, su trayectoria de publicista y de profesor está medida por el eco de sus campañas. Ha cubierto, en su larga y provechosa existencia, las etapas más definidas de la cultura paraguaya y de su proceso literario.

*Extracto de "Escritos Paraguayos 1", de Raúl Amaral, publicada por Distribuidora Quevedo de Ediciones Paraguayas, pág. 164 al 165, en setiembre de 2003. 

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